
El atardecer es más frio en una ciudad extraña
aunque sea tuya por permanencia
los razgados violáceos y rosados del solitario celeste
se ven más lejanos
su tibieza es más volátil
se desvanece con mayor rapidez la sensación de movimiento
y dura más el pensamiento
la mirada sobre la pared.
Recuerdo esa tarde lejana
allá en el frio silencioso
y la lluvia solitaria
el gris amenazador y el estruendo del trueno extranjero
Recuerdo el granizo y una voz apurada
inundada la calle de mis pensamientos etéreos
tratando de cruzar la avenida
llena de agua y misiles de hielo.