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martes, 22 de noviembre de 2011

Whisky

bebi un sorbo del whisky J.W. etiqueta negra que acababan de traerme. Primero el garzón había cometido la equivocación de servírmelo en las rocas. Lo llamé de inmediato y le dije que me debería disculpar pero no se me había preguntado si yo deseaba mi vaso de whisky con hielo, ergo, se sobreentendía que sólo quería whisky, sin hielo. - "Enseguida se lo cambio señor. Disculpe.", había dicho, para poco después volver a aparecerse con la esperada bandeja portando un vaso conteniendo whisky dorado a temperatura amnbiente con las paredes del vaso perfectamente limpias, secas por fuera y frías, si, pero no empapadas, como sucede cuando el vaso contiene líquidos helados.
Bebí un segundo sorbo y observé hacia la calle. La noche había llegado y las luces de los postes se encontraban encendidas. Eran amarillas, como tirando hacia un color melón. Sentí la lengua calentándoseme, al igual que la garganta, al poco de percibir esa sensación a madera agrietada y suave a la vez que el whisky provoca. Los labios, sobre todo el inferior, recibieron el calor del alcohol y tomé conciencia de la línea que discurre sagitalmente por la mitad de mi labio inferior. No la veía, la sentía. Tuve la impresión de estar observando un sillón de fino cuero oscuro poco antes de sentarme en él y quedar así, en silencio, mientras la oscuridad lo envolvía todo y yo me quedaba sólo, pensando.

domingo, 15 de febrero de 2009

Soledad

Aires cargados de melancólicos silencios ingresan por la ventana de la nada
buscando, quién sabe,
si mitigar o alimentar
estas llamas heladas, estas lenguas de fuego azul,
que consumen, desde dentro,
las fibras mansas de mis sentimientos
las mareas verdes de caña al viento de los campos de mi alma.

El instante mismo de la explosión de mi llanto interno
se confunde entre el bullicio y la consternación
de mis gritos inaudibles
y no poseo más
esa extraña y dulce paz
que vivía en mi subconciencia.
Me cautiva la sensación
de desconocida procedencia
que me hace callar
y, aún así, me obsequia
con la calma de los habladores
despues de orar interminables oraciones
y me cansa la apreciación de un dia gris y lluvioso
que se muestra cual canción
ante la soledad de mi mansión de Chama...

No hablo de la casa blanca de Chama...
sino de la casa blanca de mi alma,
oculta en la bruma del parque,
frente a la casa blanca de Chama.
Habito yo solo
este cuartito humeante y pensado
albergue de mi pasado
donde abandono el cuerpo a mi futuro
y se pierde la mente presente y errante
al deambular bajo el Sol
por praderas en flor
más aún así, en soledad
más aún así, en soledad.