Por estos huesos y esta carne me sienten cerca de ustedes.
¡Qué errados están!
Ajena me es esta morada
como a la caterva de espíritus le es ajeno el castillo
que atormenta y habita.
Y esta legión puede alzarse más allá de las murallas
y contemplar las piedras en las que se estrella su furia.
Y aunque, como yo,
tienen dos manos y dos ojos,
y la misma sangre universal que mi sed más recóndita sacia,
no los siento mis hermanos.
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